Esto escribí después de WE DANCE!, nuestra hermosa muestra de mitad de año.
Pura energía. Entre risas, maquillaje (maquiLaje! gritaría alguno/a), comida, felicidad, abrazos y algunos nervios dando vueltas.
Ahí estaban elas, las bailarinas más belas, con las que me conecto desde un lugar inexplicable.
Ahí estábamos. Todos a punto de empezar a latir. “A bleedearla, a bleedearla!”. Y latimos. Respiramos todos juntos, como tantas veces nos dijeron.
Tres funciones her-mo-sas!! Cada una con su condimento especial, pero con toda esa locura que nos hace ser nosotros. Bailando y sintiendo. Sólo sintiendo. Mostrándole a ese pequeño mundo que se armó a nuestro alrededor que tenemos NUESTRO lugar, que eso es lo que somos, lo que nos libera, lo que nos hace sonreír sin parar. Ahí, no existe nada más: no hay tristeza ni dolor. Sólo la música y nosotros.
Bailamos, gritamos, comimos (otra vez!), nos sacamos más fotos, nos reímos más…
Ahí estaba ella, mirándonos con orgullo, sonriéndonos, haciéndonos respirar… Ahí estaba, dejando todo como siempre. GRACIAS a vos y a tu alma danzante por confiar, por exigirnos más, por darnos todas las herramientas para poder entregarnos, por buscar siempre más.
Gracias, bailarines/ as por tan hermosa tarde/ noche! Nos volvemos a ver cuando traspasemos esa puerta de locura total.
Amo bailar. Tuve un tiempo en el que se me superpusieron las pasiones y algo empezó a fallar. Pero cuando el jueves volvió a ser sólo de la danza, las cosas se acomodaron. Cuando el mundo se viene abajo y el cuerpo no quiere responder, siempre está ella, esperándonos para volar. Soltamos la locura. Y todo por culpa del Viento...
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